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Después de la poda, el reto está en el suelo

Raíces sanas y activas durante todo el año:

En floricultura, la poda representa un mo­mento crítico en el manejo agronómico. No solo implica un estrés fisiológico para la planta, sino que coincide, en muchos casos, con suelos que vienen acumulando sales por la fertilización localizada y repetitiva en la zona del gotero. El resultado suele ser daños en los pelos absorbentes y una recuperación más lenta de lo esperado como consecuen­cia de una conductividad eléctrica elevada.

La recuperación post-poda se logra me­diante un manejo continuo e integral del suelo y de su microbiota, donde los microor­ganismos funcionales desempeñan un pa­pel clave. Existe una amplia diversidad de microorganismos que cumplen esta fun­ción, entre los que se destacan Azospirillum brasilense, Azotobacter chroococcum, Rhizo­bium japonicum, Lactobacillus casei, Saccha­romyces cerevisiae y Penicillium janthinellum, reconocidos por su contribución a la rege­neración radicular, la disponibilidad de nu­trientes y la reactivación biológica del suelo.

Microbiología funcional para una nutrición eficiente

La funcionalidad del suelo está profunda­mente determinada por su actividad micro­biológica. Los microorganismos cumplen un rol estratégico al transformar nutrientes poco disponibles en formas asimilables, re­gular procesos biogeoquímicos y estimular el desarrollo radicular.

Dentro de este contexto, destacan grupos funcionales con efectos comprobados en la eficiencia nutricional:

 

  • Azospirillum y Azotobacter: fijan nitróge­no atmosférico y producen fitohormonas que estimulan el crecimiento radicular, favoreciendo una mayor exploración del suelo.
  • Penicillium janthinellum: reconocido por su capacidad para solubilizar fósforo rete­nido, incrementando su disponibilidad en la solución del suelo.

 

  • Lactobacillus y Saccharomyces: partici­pan activamente en la descomposición y mineralización de residuos orgánicos, acelerando la liberación de nutrientes esenciales.

 

La acción conjunta de estos microorga­nismos permite una liberación gradual y equilibrada de nutrientes retenidos en el suelo, generando un entorno edáfico más estable. El resultado es un desarrollo vegetal más uniforme, sostenido y resiliente frente a condiciones de estrés.

Figura 1. Evaluación del desarrollo radicular y vegetativo bajo aplicación de NUFOSOL® SC a nivel de laboratorio frente a un testigo absoluto. Fuente: Laboratorio ABS AGROSOLUCIONES S.A.S.

Estructura del suelo, microbiología y conductividad eléctrica: una relación crítica

 

En sistemas intensivos de fertirriego, la acumulación de sales es una consecuencia frecuente de la aplicación continua de fer­tilizantes y plaguicidas. Cuando la absorción vegetal no compensa la dosis aplicada, la conductividad eléctrica (CE) se incrementa en la rizósfera, generando estrés osmótico que reduce la eficiencia en la absorción de agua y nutrientes. Los primeros tejidos afec­tados son los pelos absorbentes, lo que dis­minuye la superficie efectiva de intercambio y compromete la uniformidad y recupera­ción del cultivo, especialmente en etapas de alta demanda fisiológica como la post-poda.

Los consorcios microbianos con capacidad de fijación biológica de nitrógeno, solubiliza­ción de fósforo y mineralización de materia or­gánica fortalecen la disponibilidad nutricional y mejoran la estructura del suelo mediante la formación de agregados estables, optimizan­do aireación y exploración radicular.

El manejo de esta condición requiere in­tervenir no solo la fórmula nutricional, sino la dinámica química y biológica del suelo. Por esta razón, la incorporación de sustan­cias orgánicas como los ácidos húmicos y fúlvicos favorece la formación de comple­jos órgano-minerales, mejora la capacidad de intercambio catiónico y contribuye a re­distribuir cationes acumulados, ayudando a estabilizar la CE en la zona radicular. La presencia complementaria de aminoácidos libres, aporta soporte metabólico en condi­ciones de estrés y mejora la eficiencia del fertilizante aplicado.

Innovación aplicada a la estabilidad de la rizósfera:

A partir de la experiencia técnica, estudios de campo y el acompañamiento permanente por parte de empresas como BIO-CROP a di­ferentes compañías y gremios de la floricul­tura, se ha determinado que la sostenibilidad productiva en cultivos de ornamentales está directamente asociada al equilibrio integral de la rizósfera y a una nutrición eficiente, sostenida y biológicamente activa.

BIO-CROP ha estructurado soluciones orientadas a responder las necesidades rea­les del sector, integrando herramientas como NUFOSOL® SC, fertilizante biológico formu­lado con un consorcio microbiano funcional: Azospirillum brasilense, Azotobacter chroo­coccum, Rhizobium japonicum, Lactobacillus casei, Saccharomyces cerevisiae y Penicillium janthinellum; que fortalecen la actividad bio­lógica, el reciclaje nutricional y la estabilidad estructural del suelo. Así mismo, VAZZAR® PLUS SL, enraizante cuya fracción húmica, aporte de auxinas y aminoácidos favorecen la regulación de la conductividad eléctrica y la regeneración radicular. Más que interven­ciones puntuales, estas estrategias buscan sostener la funcionalidad físico-química y biológica del entorno radicular como eje de la productividad en sistemas ornamentales de alta exigencia.

La respuesta de este manejo se traduce en un mayor desarrollo radicular y vegeta­tivo, validado mediante evaluaciones bajo condiciones controladas de laboratorio, y reflejado en cultivos más uniformes, resi­lientes y productivos.

 

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