El enraizamiento es una etapa clave en el cultivo comercial de flores de corte, especialmente en especies como la rosa y el clavel. Lograr que las plantas desarrollen raíces fuertes y saludables no solo garantiza su supervivencia, sino que también marca la diferencia en la calidad y el rendimiento del cultivo. Para ello, entender cómo funciona el proceso fisiológico de formación de raíces y saber cómo potenciarlo con el uso adecuado de auxinas, fósforo y ácidos húmicos y fúlvicos, se convierte en una herramienta esencial para quienes trabajan en la floricultura.
Química del enraizamiento: el pH y disponibilidad de nutrientes
El pH del suelo funciona como regulador maestro de la disponibilidad de nutrientes esenciales para el enraizamiento. En el rango óptimo de 6.0 a 6.8 Figura 1, la mayoría de los nutrientes mantiene su máxima disponibilidad, facilitando la absorción radicular. En condiciones ácidas (pH < 6.0), el fósforo se fija con hierro y aluminio formando compuestos insolubles, mientras que en suelos neutros
y alcalinos (pH > 6,8) se precipita con calcio, reduciendo drásticamente su disponibilidad. USDA-NRCS, 2004. La gestión del pH también influye en la actividad de enzimas específicas involucradas en el metabolismo del fósforo, particularmente las fosfatasas que liberan fosfatos orgánicos. Sánchez, et al 2010.
El papel crítico del fósforo en el metabolismo energético
El fósforo emerge como el elemento químico más determinante en el proceso de enraizamiento de rosa. Su importancia trasciende la simple nutrición mineral, posicionándose como el eje central del metabolismo energético celular. La molécula de adenosín trifosfato (ATP), fundamental para todos los procesos de crecimiento celular, contiene tres grupos fosfato que almacenan y liberan energía necesaria para la división y diferenciación celular durante la rizogénesis.
Durante las primeras etapas del enraizamiento, las plantas jóvenes absorben cantidades significativamente mayores de fósforo, lo que coincide con el desarrollo intenso del sistema radicular. Esta absorción preferencial refleja la demanda metabólica elevada asociada con los procesos de iniciación de primordios radiculares SANTOS. et al. 2005. El fósforo participa directamente en la síntesis de ácidos nucleicos (DNA y RNA), fundamentales para el almacenamiento y transferencia de información genética.
La deficiencia de fósforo puede causar daños irreversibles en el desarrollo de la planta, que no se corrigen ni siquiera con un aumento posterior del nutriente. Esta característica única del fósforo subraya la importancia crítica de mantener niveles óptimos durante todo el ciclo del cultivo. Los estudios indican que la disponibilidad de fósforo se maximiza en suelos con pH entre 6.0 y 6.5, donde la mineralización de compuestos orgánicos fosfatados se incrementa significativamente Silveira et al., (2004) Figura 2.
Física del Desarrollo Radicular
Las propiedades físicas del suelo determinan directamente la capacidad del desarrollo radicular de rosa. La densidad aparente óptima varía según la textura del suelo, oscilando entre 1.46 g/cm³ para suelos arcillosos y 1.75 g/cm³ para suelos arenosos. Una mayor compactación genera mayores impedimentos crecimiento radicular. (Amézquita et al., 2002)
La compactación del suelo representa uno de los limitantes físicos más significativos para el enraizamiento exitoso. Cuando los poros del suelo se reducen a diámetros inferiores a 0.2-0.3 mm, las raíces encuentran resistencias mecánicas que impiden su penetración libre (Orozco, 1991). Este fenómeno se manifiesta en el desarrollo de sistemas radiculares superficiales y concentrados en los primeros centímetros del suelo, limitando dramáticamente la capacidad de absorción de agua y nutrientes.
Las raíces ejercen presiones de hasta 2 MPa durante su crecimiento para deformar la estructura del suelo y crear nuevos espacios porosos. Esta capacidad mecánica se ve comprometida cuando la resistencia del suelo supera los 20 kg/cm² (Taylor, 1981). Ocasionando crecimientos radiculares limitados y deformados.
El régimen hídrico del suelo influye profundamente en el éxito del enraizamiento. La capacidad de campo óptima para rosa y clavel oscila entre 20-30% del volumen del suelo (Torres-Guerrero), proporcionando suficiente humedad sin causar anoxia radicular Figura 3.
Las fluctuaciones hídricas extremas pueden causar estrés osmótico que compromete la integridad celular y retarda los procesos de diferenciación radicular.
Dimensión biológica del enraizamiento
La zona de influencia radicular, conocida como rizosfera, constituye un ecosistema biológico de extraordinaria complejidad e importancia para el enraizamiento. Esta región, que se extiende aproximadamente 3 mm alrededor de las raíces, presenta densidades microbianas 10-100 veces superiores al suelo circundante (Velázquez-Medina et al, 2024).
Los exudados radiculares, que representan aproximadamente 30% de los fotosintatos producidos por la planta, actúan como señales químicas que atraen microorganismos beneficiosos Pereira, et al. (2016). Estos compuestos incluyen aminoácidos, ácidos orgánicos, azúcares y vitaminas que sirven como substrato nutricional para comunidades microbianas especializadas.
Hongos Micorrícicos y desarrollo radicular
Los hongos micorrícicos forman asociaciones simbióticas mutualistas con más del 80% de las especies vegetales, incluyendo rosa, Naylor, et al. 2020. Estas asociaciones establecen redes miceliales extensas que incrementan exponencialmente la superficie de absorción radicular, llegando a aumentar hasta 1000 veces el área de contacto suelo-planta.
La red micelial funciona como un sistema de transporte activo que facilita la movilización de nutrientes poco móviles como el fósforo. Los hongos micorrícicos pueden acceder a reservas de fósforo inorgánico y orgánico inaccesibles para las raíces, solubilizándolos mediante la secreción de enzimas fosfatasas específicas.
La aplicación de ácidos húmicos estimula la actividad fosfatasa mediante el incremento de la biomasa microbiana activa.
Los ácidos húmicos y fúlvicos representan componentes bioactivos fundamentales que actúan como bioestimulantes naturales del enraizamiento.
Los ácidos fúlvicos, con su menor peso molecular comparado con los ácidos húmicos, presentan mayor movilidad en el sistema suelo-planta y actúan como excelentes quelantes y transportadores de nutrientes. Su capacidad de formar complejos estables con iones metálicos esenciales mejora significativamente la disponibilidad y absorción de micronutrientes críticos para el enraizamiento.
Auxinas: reguladores hormonales del enraizamiento
Las auxinas constituyen los reguladores de crecimiento más efectivos para la promoción del enraizamiento en rosa. La aplicación de auxinas sintéticas como el ácido indolbutírico (AIB) favorece la conjugación entre AIA endógeno y aminoácidos, promoviendo la síntesis de proteínas específicas necesarias para la iniciación radicular.
El ácido indolbutírico (AIB) generalmente produce los mejores resultados en términos de porcentaje de enraizamiento, calidad de raíces y velocidad de formación. Su mayor estabilidad ante la luz y menor susceptibilidad a la degradación enzimática lo convierten en la auxina preferida para aplicaciones comerciales. El ácido naftalenacético (ANA), está relacionado con producción de raíces gruesas.
La aplicación combinada de diferentes auxinas puede producir efectos sinérgicos superiores a los obtenidos con auxinas individuales, Barrios 2017.
Conclusiones
El fósforo juega un papel clave en el desarrollo de raíces en rosa, no solo como nutriente esencial, sino como motor del metabolismo energético que impulsa la formación de nuevas raíces. Para aprovecharlo al máximo, es necesario tener en cuenta varios factores al mismo tiempo: el pH del suelo, la actividad microbiana y el momento en que la planta más lo necesita.
Por su parte, los ácidos húmicos y fúlvicos actúan como aliados naturales que potencian el efecto de las auxinas. Lo hacen de muchas formas: mejorando la estructura del suelo, estimulando la producción hormonal de la planta y favoreciendo la presencia de microorganismos beneficiosos. Incluirlos en los protocolos de enraizamiento no solo mejora los resultados iniciales, sino que ayuda a establecer raíces más fuertes y duraderas.
La porosidad, la aireación y el manejo del agua influyen directamente en el éxito del enraizamiento. Evitar la compactación y mantener una buena estructura del suelo permite que los nutrientes y microorganismos hagan su trabajo de forma efectiva.
Finalmente, elegir bien el tipo y la dosis de auxinas, aplicarlas en el momento adecuado y bajo condiciones ambientales favorables puede mejorar significativamente la cantidad y calidad de raíces.
En resumen, integrar la química, la física y la biología del suelo en un enfoque completo no solo mejora el enraizamiento, sino que también fortalece los sistemas de producción, haciéndolos más sostenibles, eficientes y rentables para la floricultura comercial.
Elaborado por: Oscar Patiño- Gerente técnico Campofert



